Estaba paciendo tranquilamente junto a las murallas, a las puerta de la ciudad.
¡Eso significa que en Carcasona aún hay animales para alimentar a la población!
En cambio, nosotros no tenemos carne fresca desde hace muchísimo tiempo.
Los soldados mataron a la vaca para comérsela y vieron que el animal tenía el estómago lleno de trigo.
¡En Carcasona tienen trigo para alimentar a los animales!
El rey, tras reflexionar unos minutos, dijo apesadumbrado:
Si los habitantes de Carcasona todavía disponen de grano para alimentar a sus animales, nosotros moriremos de hambre antes que ellos. Así que levantad el campamento. ¡Nos vamos de aquí!
Y aquella misma noche se retiró el ejército enemigo.
Para celebrar el final del asedio, los habitantes de Carcasona pasearon triunfalmente a la anciana por las calles. Y siempre le mostraron su gratitud por haber librado a la ciudad de aquella situación tan terrible.
Hace
mucho tiempo, la ciudad francesa de Carcasona sufrió un durísimo asedio y sus
habitantes se quedaron sin nada que comer. El hambre y las enfermedades mataron
a mucha gente, y las pocas personas que quedaban con vida comenzaron a desesperarse.
El alcalde de la ciudad reunió entonces en la plaza mayor a todos los vecinos y
les habló así:
Amigos, nuestras provisiones se han agotado. No
tenemos más remedio que rendirnos.
Las
palabras palabras del alcalde causaron una profunda conmoción, y todos
guardaron silencio. De pronto, una anciana que se encontraba entre la multitud
exclamó furiosa:
¿Rendirnos?
¡De ninguna manera! No podemos consentirlo.
¡No
hay más remedio que hacerlo!
Tenemos
que intentar algo.
.
Escuchad: yo tengo un plan. Si hacéis lo que
os diga, la ciudad se salvará
El alcalde se quedó muy sorprendido por la
seguridad con la que se expresaba aquella mujer y decidió que valía la pena
escuchar su propuesta.
Bien. Dinos qué
necesitas para llevar a cabo tu idea.
Traedme una vaca.
¿Una vaca? No sabes
lo que dices. Si fuera tan fácil encontrar una vaca, no estaríamos en esta
situación. ¡No queda ningún
animal vivo en toda
la ciudad!
Traedme una vaca!
El alcalde no tuvo más remedio que ordenar a su soldados que registraran todas las casas, una por una , para ver si encontraban alguna vaca. Por fin, en el establo de un granjero avaro apareció una vaca que el hombre había escondido para venderla a un buen precio cuando ya no hubiera nada que comer. Los soldados se apoderaron de la vaca y se la llevaron a la anciana.
Ahora, necesito medio saco de trigo.
¿Trigo? ¡Imposible! ¡No hay un solo grano de
trigo en toda la ciudad!
¡Traedma trigo!
: Y
otra vez los soldados fueron por las casas para ver si conseguían reunir lo que
la anciana había pedido. Y con un puñadito aquí y otro allá, por fin lograron
hacerse con medio saco de trigo. En cuanto los soldados volvieron con el trigo,
la anciana se lo dio de comer a la vaca, ante el asombro del alcalde y de
cuantos estaban con él. Luego, cuando la vaca terminó de comer, la mujer le ató
una cuerda al cuello y la llevó hasta las murallas de la ciudad. Una vez allí,
ordenó a un soldado que abriera la puerta y empujó a la vaca con todas sus
fuerzas
hacia el exterior.